¿Es 2026 el año de oro para Capcom? Cuidado con los japoneses, porque están en racha. Después de haberme gozado como un crío la nueva entrega de Resident Evil, mi siguiente parada con firma de Capcom es Pragmata, y aquí el componente de la nostalgia no sirve. La desarrolladora nos presenta una experiencia con disparos en tercera persona y muchas ideas frescas que podrían fallar por muchos ángulos, pero de alguna manera, no lo hacen
Es un juego al que me daba miedo acercarme, porque ha tenido un ciclo de desarrollo en modo montaña rusa, con retrasos e incluso adelantamientos en la fecha de lanzamiento Tanto cambio me hizo dudar sobre la integridad del proyecto, pero ahora que tengo la versión definitiva en mis manos puedo decir convencido que la turbulenta historia del desarrollo tiene un final feliz. Pragmata es un juego con ideas muy originales que he disfrutado de principio a fin.
Una historia de conexión
La historia fue uno de los aspectos que más me sorprendió de Pragmata. No me esperaba algo tan emocional, ni por asomo. No entraré en demasiados detalles para evitar spoilers, pero sí que diré que los dos protagonistas, Hugh y Diana, se complementan a las mil maravillas. La relación que acaba desarrollando a lo largo de la historia es esencial para entender el mensaje de Pragmata.
La estructura del juego es bastante lineal, pero podrás visitar la gran mayoría de las zonas cuando te apetezca desde El Refugio (el HUB del juego, ya hablaremos de eso). Te recomiendo que lo hagas, para explorar nuevas zonas y conseguir coleccionables, ya que la estructura de algunas misiones principales puede pecar de repetitiva. Verás que, en múltiples ocasiones, Hugh y Diana se encuentran con una puerta cerrada y deberán activar un número X de terminales para conseguir acceso. Esa “trampa” de progreso se repite mínimo tres veces en la campaña principal, así que te recomiendo que interactúes con el contenido secundario (luego profundizo en esto) para no caer en la monotonía.

Todo sucede en la Luna, en un complejo industrial donde el ser humano ha exprimido al máximo las capacidades de la IA y de la impresión digital. Es un mundo artificial construido a mano, y cada escenario está repleto de detalles interesantes que muestran las grandes capacidades (y carencias) de toda esta tecnología. Es fácil caer en la monotonía visual cuando nos colocamos en un complejo espacial, pero aún así, Pragmata se las apaña para que cada escenario se sienta único.
Aunque me han gustado la mayoría de decisiones narrativas que toma el juego, sí que es verdad que creo que la relación entre Hugh y Diana avanza demasiado rápido. Es una sensación que se hace algo extraña al principio, y creo que a Pragmata no le habría venido mal un poco más de “paciencia” en ese sentido. Pese a todo, me he sentido involucrado con los personajes desde el primer momento, y eso es en gran parte gracias a las brillantes interpretaciones de Pragmata. El doblaje, como ya nos tiene acostumbrados Capcom, es exquisito, y poder disfrutar de una historia como esta en nuestro propio idioma siempre es algo que vale la pena destacar. Hemos visto muchos proyectos en los que el doblaje se queda corto, pero este no es uno de ellos, por fortuna para todos.
Hackeo y disparos, combinación ganadora
A nivel jugable es como este juego más sorprende, de eso no hay ninguna duda. Implementar un puzle en medio de un tiroteo suena a disparate mires por donde los mires, pero Capcom ha obrado su magia y, en el contexto de Pragmata, funciona a la perfección.
Hugh y Diana se juegan de forma muy diferente, pero entran en simbiosis cuando realmente entiendes su función. Con Hugh te toca gestionar un inventario de armas bastante reducido al principio pero que luego se expande considerablemente. Los disparos en tercera persona no innovan demasiado, pero la gestión de las armas y de la munición me recuerda mucho a DOOM y es algo que no esperaba. El juego te ofrece un arma “base” con munición infinita pero te insta a utilizar lo que te vayas encontrando por el camino, y eso, para mi, es un punto muy positivo.

Diana, por su parte, se encarga de volver a los enemigos vulnerables en combate con sus hackeos. Al principio el juego no te abruma demasiado y te obliga a realizar pequeños recorridos con el botón derecho a modo de puzle, pero luego la cosa se complica. A medida que avanzas irás mejorando el sistema y podrás desbloquear nuevos nodos que generan efectos de todo tipo cuando los atraviesas en la secuencia de puzle. Desde oportunidades de daño crítico a explosiones, hackeos múltiples o herramientas de control mental.
La pantalla de hackeo te obliga a tomar decisiones en cuestión de segundos, y en algunos casos, esa complejidad puede jugar en tu contra. Cuando se acumulan varios enemigos en pantalla gestionar las pantallas de hackeo puede ser lioso porque constantemente caminan unos por delante de otros, reiniciando el sistema. Hay un sistema de marcado que te permite bloquear el uso en un enemigo concreto, pero suele hacerte más mal que bien, ya que el propio sistema te invita a ser reactivo constantemente. Este problema solo aparece en arenas de combate y los desafíos más exigentes, pero es frustrante. Aún con todo, que no te asuste el planteamiento jugable de esta mecánica, porque la dominarás con un poco de práctica y durante la campaña acabarás disfrutando mucho con ella.

Pragmata diseña su sistema de combate con los tiros de Hugh y el hackeo de Diana, y ambos sistemas funcionan con una sinergia sorprendente. Para dominar el juego tienes que dominarlos ambos, porque de nada sirve disparar a enemigos acorazados y el daño por hackeo no es suficiente para neutralizar amenazas. Al principio puede resultar confuso, pero te prometo que en tan solo unas horas podrás sacarle el máximo partido a estos dos pilares de la experiencia.
La exploración es una delicia
En Pragmata, como decía, viajamos a la Luna, y explorar los complejos abandonados sobre su superficie es tremendamente importante para mejorar tanto a Hugh como a Diana. El juego te desglosa con todo lujo de detalle los coleccionables y cofres que tiene cada escenario y te permitirá volver a explorarlos a tu ritmo siempre que quieras.
Hugh y Diana pueden volver a una zona segura llamada El Refugio en la que el juego te permite subir de nivel y tomarte un respiro entre pantallas. Este lobby está diseñado de manera exquisita, y es una de las cosas que más me han gustado en Pragmata, porque además de mejorar a los personajes, puedes acceder a interacciones muy importantes con Diana, invertir los recursos que hayas acumulado en tus incursiones, leer acerca de los enemigos (el compendio es genial) e incluso acceder a desafíos con un simulador de entrenamiento.

Cuando estemos listos saltamos a la acción y viajamos en tranvía a las diferentes zonas, que están plagadas de secretos. Me ha gustado mucho la manera en la que Pragmata gestiona la exploración, porque siempre existe un incentivo que te invite a seguir el camino “secreto”. No hay armas que se vayan a quedar inútiles en el inventario, o objetos cosméticos (los hay pero no se desbloquean sobre el terreno), tu recompensa suelen ser puntos de mejora o módulos de hackeo para Diana, a los que créeme que les vas a dar bastante uso. A las pocas horas podrás desbloquear una habilidad de sensor que te marca los objetos importantes en el mapa, lo cual te sirve como una mano amiga para ir completando los mapas.
A medida que vayamos avanzando nos encontraremos con diferentes secciones inaccesibles que requerirán de un equipamiento o poder que todavía no hemos desbloqueado. Esto nos obligará a volver a esos lugares cuando lo hayamos conseguido, al más puro estilo metroidvania, pero no sé yo si esta filosofía de exploración encaja del todo con Pragmata. La forma en la que se nos muestra el mapa en el juego es extremadamente simple, y como no permite marcar localizaciones, al final estarás pateando escenarios pensando: “¿dónde estaba aquel camino cerrado?”. Teniendo en cuenta que las peleas en este juego llevan su tiempo, el hecho de tener que volver a ciertos lugares puede ser tedioso, más aún cuando no tienes la posibilidad de marcar en el mapa las zonas inexploradas. Con el sensor puedes localizar rápidamente los recursos que te falta, lo cual es un alivio.

En general estoy muy contento con cómo se gestionan los escenarios en Pragmata, y cómo el juego recompensa la curiosidad y la exploración. Me ha invitado a completar al 100% la mayoría de escenarios, y además de mejoras, me ha regalado interacciones muy interesantes entre los personajes y más piezas para entender mejor el puzle narrativo que propone.
Han corrido los créditos, y he seguido jugando
Pragmata ha conseguido algo muy valioso, y es que cuando han corrido los créditos, tenía muchísimas ganas de seguir jugando. La historia principal del juego puedes completarla en menos de 10 horas, pero si realmente quieres exprimir al máximo la experiencia, multiplica esa experiencia por dos. ¿Por tres, incluso?
El juego integra de salida un sistema de desafíos bastante interesante, que te servirán tanto para mejorar tu pericia en las mecánicas principales como para conseguir recompensas muy valiosas con las que mejorar a tu personaje y desvelar algunos secretos de la historia. Hugh y Diana pueden acceder a una cápsula de simulación con todo tipo de retos de combate, de agilidad o de velocidad, que realmente exprimen las mecánicas del juego y te demuestran hasta dónde pueden estirarse los sistemas de hackeo y los disparos. Lo que he aprendido en algunos de estos simuladores lo he aplicado a mis partida, así que vale la pena hacerlos. Además, con las recompensas pude canjear un traje guapísimo para el bueno de Hugh. Antes muerto que sencillo.

No contentos con eso, Capcom ha introducido dos incentivos más para mantenerte involucrado en Pragmata después de que corran los títulos de crédito. Para empezar, puedes arrancar una partida en New Game Plus directamente al terminar la historia o empezar el juego en una nueva dificultad, la más difícil. He jugado el primer nivel en este modo “lunático” y si lo que buscas es un desafío, prepárate para sufrir. El juego te ayuda con algunas ventajas al principio pero de dos toques estás muerto en prácticamente cualquier pelea.
Además de todo esto, y si lo que quieres es continuar con tu progreso, Pragmata te introduce un nuevo modo de juego que te mantendrá ocupado durante un par de horas más al terminar el juego. Es algo perfecto para todo aquel que busque exprimir las mecánicas todavía más y no le tenga miedo a un desafío, así que naturalmente fue un contenido que me mantuvo enganchado al juego aún después de los títulos de crédito. También tiene una recompensa por terminarlo muy interesante, además de un trofeo necesario para el platino.
En total he invertido 25 horas en Pragmata (estoy al borde del platino), y la mayoría de ellas han sido fruto del incentivo a seguir explorando las mecánicas y obtener recompensas para mejorar a los personajes. No vale la pena apresurarse en este juego, es mejor sumergirse en todo lo que propone y tomarse las cosas con mucha calma para conseguir recompensas muy útiles, pruebas de habilidad muy estimulantes e interacciones muy memorables entre Hugh y Diana. Vale la pena salirse del camino, créeme.
Pragmata arriesga, y gana
Cuando vi por primera vez cómo funcionaba Pragmata a nivel jugable en aquel primer tráiler, fruncí el ceño, no voy a mentir. Combinar los tiros con los puzzles era la receta perfecta para el fracaso. Haciéndolo conseguías… ¿tiroteos lentos? ¿secuencias de rompecabezas innecesariamente estresantes? No me convencía demasiado. Luego probé la demo y la cosa cambió, y ahora, con el juego en las manos, me lavo la boca y digo que, efectivamente, Pragmata ha arriesgado y se ha salido con la suya.
Los retrasos y el inesperado adelanto nos hicieron dudar a todos, pero este juego me ha demostrado que con una buena idea y las mecánicas adecuadas para ejecutarla, todo el tiempo que se sume al desarrollo rema hacia un producto final más completo. Con dos cosas que no deberían funcionar juntas, los puzles y los tiros, Pragmata prepara un plato exquisito. Espero que lo disfrutéis tanto como lo he hecho yo.
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