Un terror me recorría mientras esperaba que ayer se publicasen los dos últimos episodios de Dispatch: había leído algo así como que sus desarrolladores se estaban planteando, debido al éxito del juego, meterse de lleno con una segunda temporada. ¿Y por qué algo así puede generarme sudores fríos? Porque creo que no soy el único que está absurdamente agotado de que ya no existan obras contenidas en sí mismas, sin continuaciones, spin-offs, universos expandidos ni hostias transmedia. El capitalismo ha sido capaz hasta de amargarnos el meme de holy shit! two cakes!. Por suerte para mí, y creo que para ustedes, todo puede quedarse aquí. Tras esos dos episodios finales uno puede entender que la imperiosa necesidad de generar más y más valor para los accionistas obligue a una segunda temporada, pero esta historia acaba y puede darse por cerrada.
Pero volvamos al principio. Telltale Games quebró por el exceso de ambición, mala gestión y acaparamiento de IPs cuando parecía que no podía irles mejor. Y de sus cenizas surgió otra Telltale, pero ya sin la mayoría de trabajadores que hicieron grande a un estudio con éxitos como The Walking Dead, The Wolf Among Us o Tales from the Borderlands y que fue tan relevante en la pasada década como para poner de moda al videojuego episódico. AdHoc Studio es uno de los sucesores que un grupo de empleados acabaría montando allá por 2018, también con ex-desarrolladores de Night School Studio (OXENFREE). Es de esta coalición bien avenida de creadores que llega Dispatch, y entender de dónde vienen sus autores es fundamental para entender también al videojuego.
Porque, de nuevo, estamos ante un videojuego episódico. Pero uno que no utiliza su formato como excusa para ir financiando el desarrollo de cada episodio siguiente y acumulando retrasos, como ya le pasara a Telltale o DONTNOD. No, Dispatch ha ido vertiendo dos episodios cada semana desde su lanzamiento hasta llegar al total de ocho que le dan forma, con una mirada más en el modelo de streaming y de prestige TV de HBO que en el de binge watching de Netflix. El juego ya estaba, pero se hacía de rogar, como las series que están rodadas pero se alargan durante unos meses. Ése es el primer acierto que han tenido sus creadores, pues ha permitido que genere cierto seguimiento e interés, que el hype no se pase a la primera semana de haber aparecido en un mercado cada vez más saturado.

¿Qué es Dispatch? Como juego, un cruce entre historia de superhéroes y comedia de oficina. Dentro de la trama, un servicio privado de gestión de superhéroes. Una mezcla entre gig economy para personas con superpoderes y seguro privado para ricachones. Es gracioso y no se pierde el comentario social aquí, porque además nuestro protagonista es un héroe venido a menos que no sabe hacer otra cosa y su equipo un grupo de ex-villanos que o se rehabilita o irá a la cárcel. La clásica historia tan James Gunn de la familia escogida y los perdedores por los que nadie da nada, y que (de momento) tan bien sigue funcionando. En el loop jugable de cada capítulo se nos va a pedir que nos pongamos delante de un ordenador a atender llamadas y despachar a los héroes que creamos que mejor puedan hacerlo, teniendo en cuenta la descripción del encargo y sus características (intelecto, carisma, combate, fuerza y movilidad) y poderes. Está muy bien ejecutado porque sorprende siempre y en cada capítulo añade ligeros cambios y variaciones para que no llegue a aburrir, manteniendo el punto entre el desafío y el no ser demasiado críptico con lo que exige.
Fuera de esos momentos de gestión su propuesta es también la de una aventura narrativa que se va bifurcando con las clásicas decisiones que parece que van a ser relevantes pero luego no lo serán tanto. Sigue siendo modelo Telltale y lo que van a marcar aquí básicamente son un posible romance, la relación con el equipo que gestionamos y si el final es «bueno» o «malo». Hay divergencia en unas cuantas escenas y suficientes caminos como para probar con otra partida, pero en 2025 ya sabemos cómo funciona lo de la elección en la mayoría de videojuegos. Hablamos, muchísimo; nos movemos por nuestro árbol de conversaciones haciendo que éste defina a nuestro protagonista, y de cuando en cuando hay pequeños guiños a lo que hayamos decidido en capítulos anteriores. Esas opciones múltiples serían más bien colores y pequeñas bifurcaciones antes de volver al camino.
Y sin embargo el empeño principal está puesto en que se parezca lo máximo posible a una serie de animación de superhéroes como podría ser Invincible. De hecho comparte cierto humor negro con ésta u otras como The Boys aunque es infinitamente menos cínica. Dispatch está obsesionada con los legados y con la redención, temas más comiqueros y de décadas anteriores que la mayoría de narrativa superheroica que se encuentra ahora mismo. Lo principal aquí es una historia que siendo típica y tardando mucho en arrancar acaba funcionando bien, con dos episodios finales como dos enormes chispazos, con una conclusión cerrada (y sí, la posibilidad de continuarse, pero sin que haya una invitación explícita a ello).
Categoria:Reseñas